Los fetiches sexuales

Cada cual vive la sexualidad a su manera y así debería ser. Cada vez vemos más coartadas nuestras libertades individuales y uno de los derechos y necesidades básicas es poder desarrollarse sexualmente en plenitud, como con Barcelonaescorts.com. Ahí es donde entran en juego los fetiches sexuales, que no son sino peculiaridades que afectan de manera desorbitada a la percepción sexual.

El erotismo y la sexualidad son dos aspectos de la vida que nos persiguen allá donde vamos, de manera que no se puede escapar de ellos como quien apaga un interruptor. Tampoco se ha de pensar que esos fetiches son algo negativo, sino que conforman la manera de vivir las relaciones sexuales.

¿Qué es el fetichismo?

Los fetiches sexuales pueden ser más o menos singulares en la medida en que uno los compare con sus propias preferencias. Por ejemplo, chupar los dedos de los pies puede ser una actividad tremendamente sensual, como le parece a mucha gente (entre ellos, el director de cine Quentin Tarantino), y otros pensarán que es una auténtica guarrada antihigiénica.

La clave en este sentido es que unos y otros sepan respetar las diferentes opiniones que puedan surgir. Con el objetivo de vivir en un entorno más respetuoso, se debe encontrar la manera de que todos los puntos de vista convivan amistosamente.

Otro de los fetiches sexuales más habituales son los zapatos de tacón. Y si son rojos, mejores. Por alguna extraña razón, este tipo de calzado suscita muchas pasiones en el ámbito erótico. Cuando las mujeres los utilizan, su figura se estiliza, especialmente las piernas y el trasero. Pero lo cierto es que, por algún motivo irrefrenable, muchos hombres se sienten profundamente atraídos e incluso desean lamer el zapato. Para gustos, los colores.

Tu sexualidad es personal e intransferible

Dentro de los fetiches quizá podríamos englobar también algunas fantasías sexuales. Una de las más comunes es hacer un trío. Los hombres, generalmente, quieren compartir cama con dos mujeres a la vez. Lo que para algunos parece una desviación sexual, en realidad no es más que el deseo de multiplicar por dos el placer recibido (y producido). Sin embargo, lo que a priori es algo sencillo y natural, se vive con cierto a tabú y en muchos casos ni se llega a proponer, ya que vivimos en una sociedad de tradición cristiana y puritana que nos hace ver esa unión como un pecado, puesto que el ser humano se ha obligado a sí mismo en cierta manera a vivir de manera monógama, algo que a todas luces parece antinatural.

Otros fetiches como la ropa, los juguetes sexuales o las prácticas menos convencionales son la muestra de que cada cual tiene que vivir su vida (sexual) como más le apetezca. Y siempre desde la perspectiva de la normalidad.

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